viernes, 10 de enero de 2014

EL COMPORTAMIENTO DE LOS NIÑOS.

Muchos padres dan por afirmado que su hijo ha nacido así: "que le vamos a hacer..." e incluso son capaces de establecer semejanza con otros miembros de su familia: "ha salido como su abuelo...". Todo ello parece denotar la sensación de impotencia para controlar la conducta por parte de los padres, situando el origen del problema en factores externos a ellos mismos. Lo que ignoran es que, habitualmente, conductas como la desobediencia están fuertemente controladas por varias variables de las que no son ajenas los propios padres.


Los niños pueden demostrar comportamiento violento aún desde la edad pre-escolar. Los padres y otros adultos que presencian este comportamiento pueden preocuparse por el niño, pero por lo general, "esperan que lo supere al crecer". Hay que tomar muy en serio el comportamiento violento de un niño, no importa su edad. No debe descartarse diciendo que "está pasando por una fase".



La desobediencia es uno de los problemas al que con frecuencia deben afrontarse tanto los padres, familiares y docentes. Un claro ejemplo es cuando en el hogar se establece como norma el hacer la cama al levantarse o llegar a casa a una determinada hora, los padres suelen entender que se produce una conducta desobediente si no se cumple dicha norma aun cuando no se lo indique cada vez que se levante por la mañana o salga de la casa.

La rabietas sin un fenómeno normal en un estado evolutivo del niño (alrededor de los dos o tres años) y deberían ir remitiendo a medida que el niño se hace mayor para desaparecer completamente hacia los cinco o seis años de edad. Sin embargo, algunos niños, ya con cierta edad, saben que tener rabietas supone una forma rápida y eficaz para alcanzar sus deseos o caprichos. Por su parte, los padres saben que satisfaciendo al niño, éste se calma rápidamente y se evita el bochorno de la pataleta, especialmente si se produce en algún lugar público.


Uno de los consejos que se puede dar es hacer caso omiso cuando se produce la rabieta y retírale la atención inmediatamente. Es importante que los padres, en ese momento, no pierdan la calma y que actúen con firmeza, negando el capricho o la demanda, pero a la vez sin alterarse, sin gritar ni reñir. Para tener un mayor control sobre el comportamiento, es muy importante que los padres y otros familiares cercanos (abuelos, hermanos mayores, etc...) actúen de igual forma ante las demandas excesivas del niño.


Hoy en día, uno de los peores enemigos a la hora de establecer un buen vínculo afectivo con los hijos es la poca disponibilidad de tiempo por parte de los padres. Las jornadas de trabajo, normalmente ocupan a ambos padres todo el día. Un escaso tiempo de dedicación determina en algunos niños la aparición de conductas no adecuadas, de desobediencia o incluso somáticas (dolores, enfermedades sin causa orgánica aparente).

Hoy sabemos que los padres que combinan el afecto emocional alto hacia los hijos, pero también su control, son los que obtienen los mejores resultados en cuanto al funcionamiento afectivo e intelectual de sus hijos con un mínimo de problemas de conducta.


Es importante el estilo educativo de los padres. En concreto, aquel estilo que combina la existencia de un alto grado de vínculo afectivo pero con un nivel de control sobre hábitos y conductas adecuados. Se desaconsejan modelos totalmente autoritarios o que, contrariamente, no desempeñen ningún control sobre sus hijos.

El crecer en entornos marginales o en colectivos de riesgo aumenta considerablemente el riesgo de presentar conductas disruptivas en la adolescencia. De todas formas, los modelos parentales, serán el factor determinante.

Para prevenir malos comportamientos en los niños puede seguir estas recomendaciones: usar palabras animadoras (cuando se comportan bien merecen aprecio y atención), fije limites (Los límites le indican al niño lo que se espera de él/ ella), ofresca opciones (ellos aprenden a hacer decisiones simples y estarán mejor preparados para hacer decisiones más importantes en el futuro), use buen humor (es muy efectivo para romper la tensión o para evitar problemas), sea ejemplo (Practique el comportamiento que usted desea que adopten los niños que usted cuida)

Para manejar problemas recalco algunos puntos a tomar cuando exista este hecho: desviar la atención, tiempo para calmarse, ignorar el mal comportamiento, reorientar el comportamiento, indicar y permitir experimentar consecuencia.

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